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La Ingeniería y el mundo artificial

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Feb 28, 2020

   La técnica y la Ingeniería han creado el mundo artificial, compuesto por algo ajeno, añadido y super- puesto al mundo natural, produciendo así el mundo poblado de artificios, hecho por y para el hombre, en el que hoy se desenvuelve la mayor parte de nuestra vida de forma más amable, placentera y longeva, en comparación con la vida salvaje en la naturaleza agreste. Nada es más natural para el hombre que intervenir en el mundo natural para reconducirlo en su propio beneficio, mediante el ingenio y las habilidades que definen la técnica en general, y en particular la Ingeniería.

   Esas facultades son las que nos están permitiendo someter a la naturaleza y dominar el planeta, al me- nos en parte, pese a los problemas y disfunciones que ello conlleva. Somos artificiales por naturaleza. Para nosotros los humanos, hacer técnica, crear lo artificial, es tan natural como pueda serlo para los predadores cazar y sacrificar a sus presas. En este sentido, se dice que la técnica es inherente al ser humano.

   Sin embargo, la Ingeniería, que es la forma superior de la técnica, pese a haber contribuido decisiva- mente a erigir el mundo artificial en el que vivimos, no ha obtenido el reconocimiento que merece en los medios intelectuales, aunque sí lo haya hecho en los ambientes económico y empresarial. La Ingeniería no se ha visto suficientemente acompañada con reflexiones que defiendan su identidad y especificidad, y el papel capital que ha jugado en la historia de la humanidad. Con demasiada frecuencia la vemos considerada como subproducto de la ciencia, como simple ciencia aplicada, asignándole un carácter intelectualmente secundario y negándole su propia autonomía entre los dominios de la creación humana. No faltan quienes dicen que la Ingeniería no hace sino ir a la zaga de los descubrimientos científicos. Por eso procede dedicarle algún espacio aquí a esta cuestión, con motivo del centenario de la Asociación de Ingenieros Industriales de Andalucía.

   Además, por nuestra parte, los ingenieros hemos respondido al desdén del mundo intelectual, olvidando que en ese mundo se forjan los conceptos con los que se construye nuestra imagen en la sociedad. Suele costarnos asumir que se nos ve y enjuicia con criterios formados en ese mundo intelectual al que solemos desdeñar. En general, ni nosotros nos ocupamos de sus cosas ni ellos de las nuestras. Nos hemos dedicado a nuestros asuntos, encerrados en una especie de burbuja, desechando parte de lo que se cocía a nuestro alrededor y que nos podía afectar decisivamente. No podemos limitarnos a saber cómo hacer las cosas que nos incumben en nuestro ámbito profesional, sino que también nos compete la madurez moral para asumir qué debemos hacer y qué no. Sin una motivación moral que nos confiera conformidad con lo que estamos haciendo, la Ingeniería no puede resultar satisfactoria, al menos a un nivel personal.

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