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Kiruna: la ciudad de Suecia que tiene que trasladarse para no desaparecer

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Jul 17, 2020

   Quien ha organizado una mudanza sabe que ha de armarse de paciencia y prepararse para el estrés que experimentará durante esos días. Es una situación que implica cambios, y seguida de un proceso de adaptación que no todas las personas llevan de la misma manera. En los casos más extremos, incluso provoca ansiedad. Planificarlo con antelación y asumir que no todo saldrá a la perfección puede aliviar esa sensación de angustia.

   En Kiruna, la localidad más septentrional de Suecia, llevan preparando el traslado de parte de la ciudad desde hace 16 años y les quedan otros tantos para completarla. Deben mudarse alrededor de 6.000 personas, el equivalente al 33% de la población, aunque el traslado afectará a todos los residentes. Según fuentes del propio ayuntamiento, en el área aquejada hay 3.200 viviendas, 750 camas de hotel y alrededor de 1.000 puestos de trabajo en oficinas. Además de un centro comercial, varias instituciones públicas, incluidas dos escuelas, el hospital, la biblioteca, una iglesia y una casa de baños.

Los orígenes de Kiruna

   Desde hace más de 100 años, la extracción de mineral de hierro es la principal  fuente de crecimiento económico en Kiruna. De hecho, este asentamiento urbano nació alrededor de la mina que ha ido aumentado su superficie de explotación durante todo este tiempo y que ahora obliga a realizar esta gran mudanza. Los túneles excavados durante más de un siglo son los causantes del deterioro de un terreno que ya es incapaz de sostener sobre sí la vida de una ciudad

   La compañía LKAB llegó a esta región a finales del siglo XIX tras realizar varias investigaciones geológicas y decidió localizar aquí su explotación minera. Pero había un inconveniente: se trataba de una zona deshabitada, sin nadie a quien poder contratar, ni presencia de operadores económicos que dieran apoyo a su futuro actividad. La solución al problema fue crear una comunidad en torno a la mina, diseñarla desde cero y convertirla en un lugar donde la gente quisiera asentarse. A partir de 1900, la población aumentó rápidamente y actualmente más de 23.000 personas viven en Kiruna.

   Debido al uso intensivo de la mina de hierro, en la década de los años 70 el vecindario más cercano tuvo que clausurarse para seguir extrayendo el mineral y en 2006 se cerró completamente. Dos años antes la empresa explotadora ya detectó que habían empezado a aparecer grietas en el centro de la ciudad. Lo que hizo saltar las alarmas y provocó la puesta en marcha de un proyecto de transformación urbana para reubicar las partes afectadas y mantener la primera ciudad sueca diseñada expresamente teniendo en cuenta su entorno de desarrollo.

El nuevo plan urbano

   En 2011 el consejo municipal de la ciudad señaló el lugar donde se ubicaría el nuevo centro urbano, localizado a tres kilómetros del actual. Una distancia que para cualquier otra mudanza aliviaría la carga de estrés mencionada al principio, pero que cuando se trata de mover los edificios e infraestructuras de una ciudad requiere de un plan detallado. El traslado calculan que se prolongará hasta 2035 y que debe hacerse interfiriendo lo menos posible en la vida de los ciudadanos. Esto también incluye a los turistas que cada año se acercan a esta localidad a contemplar uno de los fenómenos naturales más singulares: las auroras boreales.

   En el municipio de Kiruna, ubicado en Laponia sueca, se comenzó a elaborar el plan del nuevo desarrollo urbano en 2015.

La mudanza

    Desde el comienzo del proyecto, la idea ha sido que las nuevas ubicaciones estén listas antes del desmantelamiento de la zona afectada. Algunos edificios van a construirse desde cero para adaptarlos a las necesidades y conceptos actuales, como es el caso de las escuelas de primaria y secundaria, cuya finalización se estima para 2021 y 2022 respectivamente; o el ayuntamiento, un proyecto de diseño circular y en cristal resultado de un concurso de ideas y que ya es uno de los emblemas de la nueva ciudad.  Otras edificaciones con relevancia histórica van a ser trasladados completamente, como la iglesia de madera o la estación de tren. 

   En cuanto a las viviendas, a sus habitantes se les dio a elegir entre tres opciones: derribar su vieja casa y darles una nueva, comprársela con un incremento del 25% de su precio o trasladarla a la nueva ubicación. La intención es desplazar esos tres kilómetros el mayor número de inmuebles posible para que los residentes mantengan esos espacios privados que forman parte de su memoria e identidad. En 2019 se iniciaron los primeros traslados. Desde la dirección del proyecto calculan que necesitarán construir 3.000 nuevas viviendas.

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