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El concepto Smart City

Publicado por: Paúl Miguel Ortega González, en Jul 22, 2020

   Como muy bien explica el profesor Boyd Cohen en su artículo “Las 3 generaciones de las Smart Cities” desde el nacimiento de este concepto, a mitad de los años noventa, hemos transitado por una serie de interpretaciones que van desde una visión pura y meramente tecnológica auspiciada por las grandes empresas telcos (la Smart City conectada) y apalancada sobre el internet de las cosas y el big data, pasando por una segunda generación marcada por el liderazgo de las administraciones públicas “top-down” (la Smart City planificada) y llegando al momento actual donde como en cualquier movimiento pendular, se sitúa al ciudadano en el centro de toda iniciativa “Smart” y donde el uso de tecnología se convierte en ocasiones en un factor secundario del que poco menos que debemos desconfiar (la Smart City humana).

   Sin embargo, el componente tecnológico está muy ligado a la respuesta que las ciudades están dando y pueden dar a cada uno de los desafíos que amenazan la sostenibilidad de nuestro modelo de desarrollo y que pueden agruparse en los siguientes cinco grandes bloques, de nuevo interrelacionados entre sí:

  • Energía
  • Movilidad
  • Medio Ambiente
  • Gobierno y Economía
  • Innovación Social

El vehículo autónomo, la próxima gran revolución

   La próxima gran revolución urbana, en torno a la que ya se están agrupando grandes consorcios formados por empresas tecnológicas y de automoción y que cambiará por completo la forma de las ciudades, será el vehículo autónomo. Me resisto y me resistiré mientras pueda a llamar coche a un elemento de movilidad que por el hecho radical de no necesitar conducción humana va a cambiar por completo su aspecto tradicional en pos de nuevos tamaños, formas y funcionalidades, está llamado a suponer el germen de la transformación para la forma de las ciudades y nuestra vida en ellas.

Esta incipiente revolución tecnológica supone, al mismo tiempo, un arma de doble filo.

Amenazas

  • El luctuoso accidente sufrido recientemente por el fabricante de vehículos eléctricos Tesla durante un período de pruebas en escenario real, pone de manifiesto la necesidad de seguir trabajando en los sistemas y protocolos que aseguren la seguridad de usuarios y peatones.
  • El hecho de disponer de un nuevo medio de transporte con nuevas funcionalidades y capacidades (es importante recordar que nuestras viarias no están diseñadas exclusivamente en función de las prestaciones de nuestros vehículos, sino mayoritariamente en función de nuestras capacidades sensoriales como conductores, visibilidad, tiempo de reacción, etc.) puede llevar a favorecer aún más el uso  que profundice en la dinámica proliferada hacía mitad del S.XX, con la popularización del transporte privado motorizado, con el coche como máximo exponente, la necesidad de vivir cerca de los núcleos de actividad se vio disminuida, y las ciudades han sufrido en muchos casos de flujos deslocalizadores de población en favor de los suburbios, dando lugar al fenómeno conocido como urban sprawl, tan característico del medio oeste de EEUU y cada vez más extendido en áreas urbanas europeas.
  • Mayor dispersión urbana implica, frente a la densidad, mayores consumos energéticos, (mayores tamaños de viviendas que calefactar/refrigerar), mayores distancias de conmuting, mayores consumos de agua, etc.

Oportunidades

   Por otro lado, el vehículo autónomo, este anteriormente conocido como “coche”, con nuevas características y nuevos modos de uso que pasarán sin lugar a dudas por la optimización del activo, yendo por tanto a modelos de pooling o sharing, antagónicos a la propiedad individual masivamente extendida en nuestros días, y que entre otras cosas puede llevar a:

  • Reducir el coste efectivo de la movilidad de personas y la logística de mercancías. A través de tres puntos: el coste de los conductores, y la optimización tanto de los costes de los activos móviles (vehículos que podrán ser utilizados durante más tiempo) como de los activos fijos (infraestructuras en las que podrán optimizarse los niveles de servicio) implicados en el transporte.
  • Mejorar los graves problemas de contaminación atmosférica (véase los últimos episodios en Madrid), la transición desde una propulsión basada en el motor de combustión a una propulsión eléctrica, al mitigar los inconvenientes de los procesos de carga gracias a los anteriormente mencionados modelos de pooling o sharing.
  • Disminuir a la mínima expresión la enorme cantidad de espacio público (viales, aparcamientos, etc.) que hoy en día se dedica al coche, recuperándolo, adaptándolo y haciendo de las ciudades lugares más verdes, caminables y atractivos para vivir.

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